¿Habrá payasos en el cielo?

Una reflexión acerca del compromiso cristiano.

Por Salvador Dellutri*

Hace muchos años, tantos que no conviene calcularlos, siendo un niño me deslumbré viendo el desfile de un circo en las calles de Buenos Aires. La banda iniciaba la marcha seguida por el elefante, que elevaba su trompa saludando mientras el domador, sentado sobre  su cabeza, le marcaba el ritmo de sus movimientos. Detrás venían los malabaristas y las jinetas montadas sobre caballos blancos enjaezados con botones de bronce reluciente y, más atrás, las jaulas con las fieras.  Pero lo que en verdad despertó mi asombro fue el dúo formado por un payaso, con su vestimenta multicolor, sus desmesurados zapatones y su nariz de ciruela y el clown que, desaprobando los desatinos de su compañero, estaba vestido con más sobriedad y menos color. Mi padre me informó que había una diferencia: el clown era la sensatez y el payaso, el disparate. En la función de esa noche, en primera fila, estallaba en carcajadas cada vez que el payaso hacía algunas de sus gracias, mientras el clown rabiaba.

Desde ese día, los payasos ocuparon un lugar especial en mis afectos; con su humor simple, directo, limpio, me brindaron las carcajadas más felices.

El paso de los años me hizo pensar en la persona que se esconde detrás de ese rostro pintado, en su vida trashumante, su familia, sus hijos. Me resultó muy ilustrativo un telefilm realizado por Federico Fellini, I clowns, en el que se   mostraba las dos caras del payaso.

Pero en medio de todos los payasos que conocí, hay dos nombres que brillan con luz propia. Pertenecen al pasado lejano de la Roma imperial y se llamaban Cicirro y Filemón.

Según cuenta la tradición, Cicirro y Filemón eran payasos muy populares y famosos entre los romanos, amados por el pueblo, que se divertía con sus locuras. De Cicirro sabemos que se disfrazaba como si fuera una gallina, con una cresta y hablaba batiendo los brazos como si fueran alas. Ambos se habían convertido en personajes populares.

Cuentan que vivieron en el tiempo de las grandes persecuciones contra los cristianos. El Emperador Decio, que quería exterminarlos, estableció que todos los ciudadanos tenían que  ofrecer sacrificio en el templo pagano  para mayor gloria del emperador. Un oficial romano tenía que estar presente durante la ceremonia con el fin de certificarlo. La finalidad era identificar a los cristianos para castigarlos con la muerte.

Un cristiano le pidió a Filemón que hiciera un sacrificio en su nombre por lo cual le pagó una tentadora suma de dinero. Filemón aceptó y ya se encaminaba hacia el templo pagano, pero él también era cristiano. Su conciencia comenzó a indicarle que lo que estaba por hacer era indigno y se arrepintió; confesó públicamente su fe y fue martirizado. Otro tanto sucedió con Cicirro. La historia de estos payasos es parte de la tradición occidental.

Muchísimos cristianos pagaron con su vida en las diez persecuciones que lanzó el Imperio Romano durante los tres primeros siglos de nuestra era. Sus historias están llenas de dramatismo y valentía. Pero estos dos payasos que murieron por confesar su fe son para mí muy especiales, porque detrás de sus gestos exagerados y su vestimenta colorida, había dos hombres de fe que dieron testimonio de Jesús.

En esa multitud que se reunirá en la eternidad alrededor del trono del Señor habrá gente de todos los pueblos y todas las profesiones. No podemos cuantificar la diversidad de hombres y mujeres que a través del tiempo confesaron a Jesucristo como su Señor y Salvador. La fe será el denominador común que nos igualará a todos; allí se acabarán todas las diferencias que hoy tanta amargura trae a la humanidad. Porque los cristianos somos de muchas naciones, pero formamos un solo pueblo, redimido por el Señor.

Y en medio de ese pueblo, tenemos la certeza de que  habrá por lo menos dos payasos: Cicirro y Filemón. Sí, la risa también estará presente, porque habrá payasos en el cielo.

*Salvador Dellutri: Pastor, Profesor, Periodista, Conferencista y Escritor de libros como: “El mundo al que predicamos”, “En Primera Persona”, “Las Estaciones de la alegría”, “Hay que matar a Jesús”, “El desafío posmoderno”, “La aventura del pensamiento”, “La Fe y el sentido de la vida”, “Ética y Política”,  “En primera persona” entre otros. Produce dos programas de Radio Transmundial, “Tierra Firme” y “Los Grandes Temas”.

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