
Hubo un tiempo en el que la palabra valía más que los papeles. Estrechar las manos era señal de un acuerdo indestructible. El honor y la honestidad eran parte natural del carácter de las personas; pero hoy parecen ser una rareza. ¿Qué ha pasado? ¿A qué se debe que incluso firmando papeles con garantías se falte a la palabra? ¿Vale la pena ser honesto en nuestro tiempo? ¿Por qué serlo? Lo conversamos con Salvador Dellutri en nuevo encuentro de Tierra Firme.



