Por: Pr. Salvador Dellutri
Nuestro tiempo se caracteriza por desdibujar los límites, por diluir la frontera entre lo público y lo privado. Nos transformamos en una sociedad exhibicionista y escandalosa donde todo se publica.
Este proceso comenzó con la presión de los medios que promovieron el reality show cuyo paradigma fue el programa Gran Hermano donde un grupo de personas renunciaba a su intimidad para convivir delante de las cámaras. Se apelaba abiertamente a la curiosidad malsana y al morbo del público.
Posteriormente se popularizó la web modificando nuestro estilo de vida. La comunicación a través de la red nos permite hacer lo mismo de siempre pero en otra escala, con otra dimensión y también con otros peligros. En el último tiempo, hizo furor entre los adolescentes el sexting que consiste en tomarse fotografías eróticas y enviarlas a sus amigos a través de redes sociales. Pero todo lo que entra en la web deja de ser privado, el emisor pierde todo todo dominio sobre el contenido, que puede ser publicado y difundido a nivel masivo. En España, los problemas producidos por estas prácticas hicieron que se realizara una fuerte campaña de prevención a través de los medios con el fin de que jóvenes y mayores tomen conciencia de los riesgos.
Pero más allá de los peligros circunstanciales, que no pueden minimizarse, hay otro peligro subyacente todavía más grave. Entre los griegos, una de nuestras raíces culturales, se acuñó la frase “Conócete a ti mismo”. Sócrates tomó esta sentencia usada en el oráculo de Delfos y la utilizó para señalar el examen moral que cada uno debe hacer ante el Ser Supremo. Coincidía con el sabio Salomón, quien seis siglos antes señalaba: Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. (Proverbios 4.23)
La sabiduría nace del análisis de la interioridad, porque nuestro corazón es engañoso. Jesús decía: Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.Estas cosas son las que contaminan al hombre. (Mateo 15.19) Cada ser humano es a la vez un universo único e irrepetible y un misterio insondable y contradictorio. Como muy bien expresó Pascal: “¡Qué quimera el hombre! ¡Qué novedad, que monstruo, qué caos, que contradicción, qué prodigio! Juez de todas las cosas y gusano infecto, depositario de la verdad, cloaca de incertidumbre y error, gloria y desecho del universo”.
La interioridad se elabora a través de una aventura introspectiva; no en el ámbito público, sino en la intimidad. Sin esa intimidad que le permite crecer espiritualmente, el hombre se vuelca hacia el exterior y se expresa sin contenidos, sin reflexión, exhibiendo toda su necedad. Se llega de este modo a la banalización de la vida interior.
Los seres humanos nos diferenciamos de los animales en que nos pensamos a nosotros mismos. Si renunciamos a esto, terminaremos siendo gobernados por los instintos, degradándonos, perdiendo el sentido crítico. Todo esto es sumamente peligroso: por este camino se está gestando una generación frívola, sin capacidad de reflexión ni de autocrítica, víctima ideal para cualquier totalitarismo.
San Agustín dijo: “No vayas hacia afuera, vuélcate hacia adentro de ti mismo; en el hombre interior reside la verdad”. Por eso escribió sus Confesiones donde hace un análisis profundo de su interioridad, sintetizando el sentido de la vida en dos palabras: Conocerte y conocerme. En ellas resume cuales deben ser las pulsiones del hombre: la búsqueda del conocimiento propio para vivir sabiamente y la del Ser Supremo para responder a la sed de trascendencia.




2 Comments
Venía bastante bien hasta que mencionó a San Agustín… Un hombre esTODO lo que piensa, dice y escribe, no solo una parte… San Agustín deja bastante mal parada a la mujer, que también es creación de Dios, por cierto.
El viaje introspectivo está bien, uno debe conocerse a sí mismo, pero en realidad no se si alguno de nosotros podemos ser lo suficientemente objetivos y humildes como para querer conocernos realmente. La idea es perfecta, pero la práctica es corruptible.
El tema redes sociales es un mal que va creciendo y los cristianos no están afuera de esto.
las redes sociales , aparecieron, en el momento , oportuno para desarrolar en los seres humanos , esa capacidad de mostrarse y exhibirse, ignata y egocentrista, en el cual todos estamos inmerso , aun el que escribe, esto, tambien , por lo tanto creo que es en este momento ,critico, y dificil desarrollar la intropeccion , un desafio continuo , ante la bandeja de oportunidades , de explotar en los sentidos ,algo mas adrenergico,y mas estimulante . solamente cuando una persona encuentra el sabor unico y gratificante con su creador y redentor en su momento a solas, es ahi donde la balanza se inclina hacia lo eterno y lo esencial